Valencia, 31 de octubre de 2026-. La deuda de Francia se acerca al 120 % del producto interno bruto (PIB) y aumenta la presión sobre las finanzas públicas. La inestabilidad política, los elevados déficits presupuestarios y el encarecimiento del financiamiento han disparado la prima de riesgo del país frente a Alemania.
El Gobierno francés, encabezado por el primer ministro Sébastien Lecornu, carece de mayoría parlamentaria para aprobar sus propuestas presupuestarias. Mientras tanto, los mercados exigen mayores intereses para comprar deuda francesa que para adquirir bonos alemanes.
La diferencia entre ambos países alcanza casi 1,6 puntos porcentuales en los bonos a 10 años. Se trata del diferencial más elevado desde la crisis financiera de 2011, según el análisis publicado por Deutsche Welle (DW).
La situación limita la capacidad de París para financiar nuevas inversiones. Incluso los préstamos anunciados para renovar escuelas y universidades dependen de recursos que el Estado debe conseguir mediante endeudamiento.
La deuda de Francia se acerca al 120 % del PIB y aumenta la presión sobre las finanzas públicas en medio de las tensiones que mantienen encendidas las calles
La deuda pública francesa equivale aproximadamente al 120 % del PIB, frente al 65 % de Alemania. La diferencia también se refleja en las calificaciones crediticias.
Mientras Alemania conserva la máxima nota, AAA, Francia recibe calificaciones de AA, A+ o Aa3, dependiendo de la agencia evaluadora. Además, varias firmas mantienen perspectivas negativas para la economía francesa.
Friedrich Heinemann, economista del Centro Leibniz de Investigación Económica Europea (ZEW), explica a DW que el diferencial entre los bonos funciona como un indicador de la confianza de los mercados.
El experto advierte que un aumento de la prima de riesgo encarece el crédito para el Estado, las empresas y los ciudadanos. También puede complicar la situación de los bancos y profundizar las dificultades financieras.
Desde junio de 2026, el diferencial francés frente a los bonos alemanes se ha más que duplicado. El incremento responde al endeudamiento, la inestabilidad política y los déficits presupuestarios.
El pago de intereses podría superar los 130.000 millones en 2030
Francia lleva más de medio siglo gastando regularmente más de lo que recauda mediante impuestos. El último presupuesto nacional equilibrado fue aprobado en 1974.
La presión sobre las cuentas públicas se refleja en el costo de la deuda. El país prevé pagar más de 79.000 millones de euros en intereses durante 2026 y más de 91.000 millones en 2027.
Para 2030, esa factura podría situarse entre 125.000 y 132.000 millones de euros. Las estimaciones incluyen los gastos financieros de la seguridad social y las administraciones locales.
Por su parte, la Agencia Francesa del Tesoro calcula en 62.600 millones de euros los intereses correspondientes únicamente al Gobierno central.
El encarecimiento también está relacionado con la necesidad de refinanciar bonos antiguos emitidos cuando los tipos de interés eran históricamente bajos. A esto se suma el endeudamiento adicional que exige el déficit presupuestario.
El proyecto presupuestario de Lecornu para 2027 contempla ahorros de 54.000 millones de euros. Su objetivo es reducir el déficit del 5,4 % al 5 % del PIB, pero todavía no cuenta con una mayoría parlamentaria que garantice su aprobación.
La deuda también amenaza con aumentar la factura alemana
El incremento de los intereses no afecta únicamente a Francia. Heinemann advierte que Alemania también podría afrontar un fuerte aumento de sus gastos financieros a comienzos de la década de 2030.
Según sus cálculos, el Gobierno federal podría pasar de pagar unos 30.000 millones de euros en intereses a superar los 90.000 millones anuales en pocos años. La cifra podría acercarse a los 100.000 millones.
La advertencia llega pese a que Berlín mantiene una posición crediticia más favorable que París.
Las propuestas electorales complican el ajuste fiscal
La situación económica francesa coincide con un escenario político marcado por la fragmentación parlamentaria. Tanto la derecha de Agrupación Nacional (RN) como la izquierda de La Francia Insumisa (LFI) defienden propuestas con un elevado costo fiscal.
Marine Le Pen plantea recuperar la edad de jubilación de 62 años y, al mismo tiempo, promete ahorros de 140.000 millones de euros.
Por su parte, Jean-Luc Mélenchon ha sugerido que el Banco Central de Francia podría deshacerse de los bonos estatales que mantiene en su poder. El dirigente de LFI sostiene que nadie notaría su desaparición.
Heinemann cuestiona las propuestas económicas de ambos sectores y considera que presentan soluciones que evitan abordar los ajustes presupuestarios necesarios.
Landry Charrier, investigador del Centro de Estudios Avanzados de Seguridad, Estrategia e Integración de la Universidad de Bonn, señala a DW que el acceso al financiamiento barato dentro de la zona euro ha reducido la presión para corregir los desequilibrios.
El experto también destaca que, según el instituto estadístico francés Insee, el 56 % de la población recibe más prestaciones y servicios públicos de lo que aporta en impuestos y tasas. Esa relación, afirma, contribuye a mantener el respaldo al modelo actual.
