Valencia, 13 de enero de 2026-. Julio Iglesias enfrenta acusaciones de agresiones sexuales por dos extrabajadoras de sus mansiones. Dos extrabajadoras del cantante Julio Iglesias aseguraron haber sufrido agresiones sexuales mientras trabajaban para él en 2021.
Los relatos provienen de una empleada del servicio doméstico y una fisioterapeuta personal, que vivían en régimen interno.
Una de las denunciantes, identificada como Rebeca, afirmó que era llamada repetidamente a la habitación del cantante tras finalizar su jornada.
Allí, describe penetraciones no consentidas, bofetadas y vejaciones físicas y verbales, casi siempre en presencia de otra empleada jerárquica.
Laura, la segunda mujer, asegura que sufrió tocamientos en la playa y piscina de la villa de Punta Cana.
También denunció humillaciones públicas, insultos y un trato intimidatorio durante toda su jornada laboral.
Ambas coincidieron en describir un ambiente laboral de miedo, con normas estrictas, vigilancia constante y amenazas de despido.
Julio Iglesias enfrenta acusaciones de agresiones sexuales por dos extrabajadoras de sus mansiones
La investigación indica que las trabajadoras vivían aisladas, con salidas limitadas y jornadas de hasta 16 horas.
En muchos casos no existía contrato escrito y las libranzas se retrasaban meses, según relatan las exempleadas.
Se menciona que Julio Iglesias controlaba aspectos personales, desde la alimentación hasta el uso del teléfono y relaciones sociales.
Los testimonios también señalan que el abuso de poder era constante y las normas se imponían con amenazas.
Periodistas de eldiario.es y Univision Noticias intentaron obtener la versión del cantante y su abogado, sin éxito.
Algunas responsables de contratación y personal calificaron las acusaciones como “patrañas”, mientras que otras no respondieron.
Investigación y corroboración
La investigación se desarrolló durante tres años, con entrevistas repetidas a las dos denunciantes y al menos 15 extrabajadores.
Los testimonios muestran consistencia y describen un patrón de abuso, tensión laboral y jerarquía rígida en las residencias.
Rebeca relató sentirse “como un objeto, como una esclava” durante los episodios de agresión.
Laura coincidió en que los tocamientos se disfrazaban como bromas o comentarios médicos, y las humillaciones eran frecuentes.
