Estudiantes de la ULA Trujillo pagan medio dólar de pasaje para sostener rutas y reducen clases a tres días semanales ante el cierre de su comedor desde hace ocho años. La Universidad de Los Andes en su núcleo Trujillo redujo sus actividades presenciales a solo tres días por semana.
La dirigencia estudiantil atribuye esta forzosa medida a la paralización de las rutas de transporte institucional y a la clausura prolongada del comedor universitario.
Dicho colapso operativo golpea directamente a una matrícula de aproximadamente 2.000 jóvenes, quienes deben reunir colaboraciones de sus propios bolsillos para costear el combustible y los repuestos de las pocas unidades que intentan cubrir los traslados.
Aportes estudiantiles, ruta paralizada y palabras de Diego Teherán
El presidente del centro de estudiantes expuso la compleja realidad que encara la comunidad académica para evitar el cierre definitivo de las aulas de clase.
La dirigencia juvenil detalló los acuerdos internos alcanzados para mitigar la emergencia de movilidad:
- Los alumnos aportan voluntariamente medio dólar por viaje para costear el mantenimiento elemental de las unidades vehiculares.
- El núcleo universitario carece de presupuesto ordinario para cubrir el combustible, los lubricantes y el desgaste mecánico de los autobuses.
- La universidad suspendió las rutas oficiales ante la falta de asignaciones ministeriales para el parque automotor.
- El cronograma académico limitó la presencialidad a tres jornadas semanales para disminuir el gasto diario de traslado de los cursantes.
- Alrededor de 2.000 estudiantes sufren las consecuencias directas de la precariedad en estos servicios asistenciales básicos.
En tal sentido, el vocero estudiantil Diego Teherán explicó ante los medios regionales el enorme sacrificio que hacen las familias para sostener los traslados:
«Los estudiantes dan su colaboración, en este caso sería medio dólar, para poder mantenerla, ya que con la crisis presupuestaria que vive el núcleo universitario, no podemos cubrir y la universidad no puede cumplir la ruta estudiantil».
A este respecto, numerosos jóvenes provenientes de municipios foráneos caminan largos trayectos cuando no logran reunir el aporte para abordar las unidades habilitadas.
Aunado a esto, los profesores ajustan sus evaluaciones para condensar los contenidos teóricos en las pocas jornadas presenciales que autorizó el consejo de núcleo.
Asimismo, los delegados de curso organizan rifas y colectas para reparar neumáticos y baterías de los vehículos pertenecientes a la institución.
Ocho años sin comedor, becas de cinco dólares y declive del campus
Pérdida de la vida académica y testimonio de Aitor Romero
Por otra parte, la clausura del área de alimentación representa uno de los golpes más duros para la permanencia de los bachilleres en las instalaciones universitarias.
La casa de estudios acumula ocho años continuos sin prestar el servicio de comedor a su comunidad, obligando a los alumnos a pasar extensas jornadas en ayuno o a abandonar los recintos antes del mediodía.
Aitor Romero, presidente adjunto del centro de estudiantes, recordó la relevancia histórica que ostentaban estas instalaciones para el intercambio intelectual:
«En mi permanencia en la ULA no existe un comedor y en su momento era uno de los comedores más importantes. Antes se hacía vida académica aquí».
Las becas estudiantiles apenas alcanzan los cinco dólares mensuales, un monto que no cubre los gastos mínimos de alimentación ni de útiles escolares.
En consecuencia, muchos alumnos desertan de sus carreras al no poder sufragar almuerzos diarios fuera de sus hogares.
De igual manera, los espacios recreativos y las bibliotecas lucen desolados durante los días en que el núcleo suspende las clases presenciales.
Exigencias presupuestarias al Ejecutivo nacional
Por añadidura, la comunidad universitaria trujillana insiste en reclamar partidas presupuestarias justas para reactivar los servicios de bienestar.
Los líderes del movimiento estudiantil preparan pliegos de peticiones para consignarlos ante las autoridades ministeriales y las gobernaciones andinas.
Los voceros exigen la asignación urgente de flotas de transporte funcionales y la dotación regular de alimentos para reabrir los fogones del comedor.
Por otro lado, los docentes y trabajadores administrativos respaldan el reclamo de los alumnos, advirtiendo que los bajos sueldos también impiden su traslado regular a las sedes de Trujillo.
De modo que el aporte de medio dólar, el recorte a tres días de clase y la clausura del comedor ilustran el dramatismo que rodea la formación profesional en el occidente venezolano.
Con información de Unión Radio
