Valencia, 23 de julio de 2025-. Estilista venezolano que denunció abuso sexual en el CECOT se reencontró con su familia en Táchira. El estilista, actor y maquillador venezolano Andry Hernández, relata su inocencia y las violaciones que sufrió en El Salvador. Hernández, oriundo del estado Táchira, fue expulsado al Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) en El Salvador junto a otros 251 venezolanos. Él insiste en que no tiene vínculos con la banda criminal Tren de Aragua, a pesar de las acusaciones que le atribuyen.
Experiencia en El Salvador y abusos sexuales
Estilista venezolano que denunció abuso sexual en el CECOT se reencontró con su familia en Táchira
Hernández estuvo arrestado en El Salvador durante cuatro meses. Durante ese tiempo, perdió la esperanza de reunirse con sus padres. Además, denunció que fue víctima de abusos sexuales por parte de oficiales. “Me llevaron a la isla, me abusaron y me obligaron a hacerle sexo oral a un oficial”, afirmó en una entrevista. También relató que otros oficiales le pasaron un objeto por sus partes íntimas, lo que consideró devastador. “Lo único que pensaba era: Dios, apiádate de mí”, expresó con tristeza.
Relación con las autoridades y pruebas falsas
El venezolano de 31 años mostró en sus muñecas dos tatuajes: una corona y las palabras “Mom” y “Dad”. Según las autoridades estadounidenses, estos tatuajes fueron una “prueba sólida” para relacionarlo con criminales. Hernández atravesó la selva del Darién en mayo de 2024 y fue detenido en la frontera de Estados Unidos en agosto. La BBC reportó que, en su interrogatorio, solo llenó la casilla de tatuajes sospechosos y obtuvo 5 puntos, lo que lo consideró parcialmente vinculado a un grupo delictivo.
Detención y situación actual
Hernández esperaba su cita para solicitar asilo en Estados Unidos. Sin embargo, en marzo, fue enviado al CECOT en El Salvador. La deportación ocurrió en un contexto donde el gobierno estadounidense reforzó las deportaciones masivas. Una foto del periodista Philip Holsinger mostró a Hernández gritando en pánico: “¡No soy pandillero, soy gay, soy peluquero!”. La imagen recorrió el mundo y generó conmoción. Sus padres se enteraron de su paradero gracias a esa fotografía, que evidenció su angustia y vulnerabilidad.
Este caso revela las dificultades y abusos que enfrentan muchos migrantes venezolanos en su búsqueda de un futuro mejor. Hernández continúa luchando por demostrar su inocencia y recuperar su libertad.
