Valencia, 21 de octubre de 2025-. Esta es la nueva incorporación de EEUU a su artillería en aguas caribeñas. La misión antinarcóticos en el Caribe, dirigida por Estados Unidos, aumentó su capacidad operativa con la incorporación del avión artillado AC-130J Ghostrider.
La operación, ordenada durante la presidencia de Donald Trump, busca frenar el tráfico de drogas en rutas marítimas del Caribe y América Central.
Expertos militares, como Tyler Rogoway del portal The War Zone, confirmaron la participación del Ghostrider en recientes ataques a embarcaciones ilegales.
Según su análisis, los impactos que destruyeron un semisumergible en aguas caribeñas fueron causados por “dos disparos de cañón de 30 mm”.
Una fotografía oficial de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, tomada el 6 de octubre en Ceiba, Puerto Rico, confirmó la presencia del avión en la zona.
La imagen, capturada por el aviador Gabriel Jones, demuestra que la avanzada plataforma ya forma parte activa de las operaciones marítimas.
Esta es la nueva incorporación de EEUU a su artillería en aguas caribeñas
El AC-130J Ghostrider es una versión modificada del clásico C-130J Hercules, transformado en una plataforma de fuego aéreo directo y sostenido.
Está diseñado para misiones de alto riesgo, como la interdicción de embarcaciones de narcotráfico y el apoyo aéreo a fuerzas especiales.
El avión cuenta con el sistema Precision Strike Package, que permite disparar municiones guiadas con alta precisión, reduciendo daños colaterales.
Entre su armamento destacan un cañón de 30 mm, un obús de 105 mm y capacidad para misiles guiados.
Además, posee una cabina digital integrada y sistemas de navegación avanzados, lo que le otorga una precisión excepcional incluso en condiciones climáticas adversas.
Una herramienta clave contra el narcotráfico
El despliegue del AC-130J Ghostrider representa un salto estratégico para la misión antinarcóticos en el Caribe.
Su versatilidad le permite operar tanto en entornos urbanos como en zonas marítimas, adaptándose a distintos escenarios de combate.
Construido por Lockheed Martin y Boeing, el Ghostrider es considerado una de las plataformas más temidas de la Fuerza Aérea estadounidense.
Su llegada al Caribe refuerza la capacidad de detección y neutralización de amenazas en una de las rutas más activas del narcotráfico mundial.
