Valencia, 4 de octubre de 2026-. El temor a las cada vez más frecuentes redadas de ICE en Estados Unidos ha transformado la rutina de miles de familias migrantes.
Rebeca Castillo, una venezolana residenciada en Austin, Texas, relata cómo su hijo de ocho años comenzó a cuestionar sobre la deportación tras ver contenidos en internet, reflejando una realidad compartida por padres que intentan blindar a sus hijos frente a una creciente ola de operativos de control migratorio.
El temor a las cada vez más frecuentes redadas de ICE en Estados Unidos ha transformado la rutina de miles de familias migrantes
Especialistas en salud mental explican que el terror en las calles y la sobreexposición a videos sobre detenciones en plataformas digitales han convertido los hogares en espacios de constante alerta y vigilancia.
La psicóloga venezolana Lila Romero, quien pasó más de tres meses detenida por ICE en Texas, señala que la incertidumbre genera una tensión permanente que afecta el desarrollo y la estabilidad emocional de los menores de edad.
En este contexto, Human Rights Watch (HRW) alertó sobre el incremento de la angustia infantil ante unas cifras de deportaciones que superan las quinientas cuarenta mil personas desde el inicio de la actual administración federal en enero de 2025.
Dinámicas alteradas y medidas de prevención familiar
El impacto del hostigamiento migratorio ha modificado la dinámica comunitaria en distintas ciudades del país, llevando a que madres utilicen servicios de transporte privado para enviar a sus hijos a la escuela por miedo a ser arrestadas, mientras el ausentismo escolar repunta en zonas con alta actividad de ICE.
Ante este panorama, organizaciones como la Red Nacional de Estrés Traumático Infantil (NCTSN) y el Centro de Recursos Legales para Inmigrantes (ILRC) recomiendan a los padres mantener conversaciones honestas, evitar discursos gráficos y desarrollar planes de contingencia claros.
Entre las pautas esenciales destacan la creación de un expediente físico con documentos clave, la designación de un adulto de confianza para el cuidado de los hijos y la limitación del consumo de contenidos alarmantes en redes sociales para proteger la salud mental de los menores.
