El peso colombiano se revaloriza un 20 % frente al dólar y derrumba las ventas comerciales en Cúcuta mientras el Táchira debate el abandono de la moneda vecina. La notable revalorización del peso colombiano a lo largo de 2026 generó un impacto profundo y asimétrico sobre el aparato productivo del estado Táchira.
En esta entidad andina, la moneda del país vecino opera como unidad de cuenta de facto al abarcar entre el 62 % y el 68 % del total de las operaciones mercantiles cotidianas.
Esta apreciación cambiaria abarata sustancialmente los artículos venezolanos para los compradores del departamento de Norte de Santander, pero encarece drásticamente los insumos y bienes importados legalmente desde territorio neogranadino.
El desplome del dólar, la merma de remesas y la barrera de los 1.000 millones
El economista, asesor financiero y expresidente del Colegio de Economistas del Táchira, Aldo Contreras Sanitá, expuso este panorama durante su intervención en el espacio radial Dos Más Dos de Unión Radio:
El especialista subrayó que la población tachirense comenzó a debatir abiertamente sobre la conveniencia de seguir utilizando el signo monetario colombiano:
Contreras detalló que la cotización pasó de 4.000 a 3.200 pesos por cada dólar estadounidense, lo cual representa una apreciación del 20 % motivada por el retroceso del billete verde en los mercados globales.
En tal sentido, el analista financiero puntualizó que este reajuste cambiario castiga severamente el presupuesto de los hogares receptores de divisas:
«Para el tachirense que recibe remesas ha sido complicado porque hace un año 100 dólares eran 400.000 pesos y, aunque los precios en la frontera y Cúcuta siguen los mismos, ahora $100 son 320.000 pesos».
A este respecto, Contreras remarcó la paradoja cambiaria, explicando que una moneda revaluada beneficia a los colombianos que viajan al exterior, pero genera graves trabas a los exportadores y a quienes adquieren mercancías en Táchira:
Los costos en pesos traducidos a dólares aumentan de forma progresiva dentro de un flujo fronterizo que proyecta movilizar cerca de 1.000 millones de dólares durante el presente ejercicio anual.
Asimismo, los analistas observan que este fenómeno altera la estructura de costos de los pequeños y medianos distribuidores en toda la región andina.
Aunado a esto, las familias reorientan sus patrones de gasto para estirar los ingresos frente al encarecimiento de los productos traídos desde el otro lado de la frontera.
Cierre de locales en Cúcuta, retiro de alcabalas y la traba de los apagones
Cúcuta pierde más del 50 % de sus ventas habituales
Por otra parte, las secuelas mercantiles golpean con inusitada fuerza al comercio formal en la capital de Norte de Santander.
Los registros de la Cámara de Comercio de Cúcuta y de diversos entes gremiales constatan un desplome comercial superior al 50 % en sus establecimientos:
- Numerosos negocios en el centro de Cúcuta bajan definitivamente sus santamarías ante la ausencia masiva de consumidores venezolanos.
- Los compradores tachirenses redujeron sus traslados al perder entre 60.000 y 80.000 pesos por cada billete de 100 dólares que cambian en las casas de cambio.
- Las aerolíneas y empresas de transporte perciben una disminución en los viajeros que volaban a San Antonio del Táchira con la intención exclusiva de cruzar a comprar en Colombia.
En consecuencia, los comerciantes cucuteños lanzan ofertas agresivas, promociones y descuentos especiales para intentar captar clientes, aunque las estadísticas confirman que el cruce de personas desde Táchira cayó a más de la mitad.
De igual manera, los empresarios neogranadinos expresan su profunda preocupación por la pérdida de este motor de consumo habitual.
Menos puntos de control pero persiste la crisis de servicios
Por añadidura, el economista valoró ciertos avances logrados en materia de movilidad terrestre dentro del eje fronterizo.
Contreras calificó como un paso positivo la supresión de aproximadamente 16 alcabalas en el trayecto vial comprendido entre San Cristóbal y Norte de Santander.
Las autoridades mantuvieron en funcionamiento únicamente el punto de control de Peracal, una medida que aportó mayor tranquilidad y confianza a quienes evalúan visitar la capital tachirense.
Por otro lado, los severos racionamientos eléctricos atribuidos al fenómeno climático del Superniño y a la falta de inversiones en las redes de distribución limitan la llegada de turistas colombianos.
De modo que las constantes interrupciones del servicio eléctrico frenan el entusiasmo de los compradores neogranadinos, impidiendo consolidar el flujo inverso de visitantes hacia suelo venezolano.
Con información de Unión Radio
