El papa León XIV sostiene un inédito encuentro con víctimas de pederastia eclesiástica en Lourdes entre críticas por exclusión de otros colectivos. El papa León XIV dialogó este domingo 27 de septiembre de 2026 durante casi dos horas, bajo un formato colectivo y luego en audiencias privadas individuales, con siete víctimas de pederastia perpetrada por miembros de la Iglesia francesa.
El encuentro se produjo en las instalaciones de la residencia episcopal de Lourdes, donde el pontífice ratificó su determinación formal de impedir la reiteración de estas agresiones en el seno institucional.
Audiencias individuales y condena a la complicidad clerical
El portavoz de la Santa Sede, Matteo Bruni, desglosó formalmente el desarrollo del coloquio a través de una nota oficial.
La delegación integró a cuatro hombres y tres mujeres, quienes acudieron junto al obispo de Amiens, monseñor Gérard Le Stang, prelado que encabeza el Consejo para la Prevención y Lucha contra la Pedofilia de la Conferencia Episcopal Francesa.
En tal sentido, el líder de la Iglesia católica escuchó detalladamente el dolor, las historias de ultraje y las recriminaciones de cada asistente ante el silencio culpable de aquellos mandos religiosos que debieron protegerlos.
Asimismo, los afectados plantearon reformas operativas concretas para garantizar que los seminarios y colegios no repitan jamás estos episodios delictivos.
Aunado a esto, el pontífice dedicó pasajes de recogimiento y oración personalizada con varios de los presentes antes de congregarlos en un plenario general al filo de las 19:00 horas.
Durante ese cierre, León XIV agradeció la valentía cívica de sus testimonios, exteriorizó su cercanía paternal hacia quienes arrastran secuelas y expresó la aspiración de convertir a las diócesis en auténticos refugios de consuelo y sanación para el pueblo creyente.
Mandato a los obispos y división entre los afectados
Exhortación a la jerarquía francesa y testimonios públicos
Por otra parte, la audiencia privada coincidió temporalmente con las enérgicas advertencias que la Santa Sede dirigió a la cúpula episcopal del país europeo.
Apenas unas horas antes de la cita, León XIV ordenó a los obispos de Francia aplicar una «máxima vigilancia» para erradicar lo que catalogó como una verdadera lacra moral, instándolos a sostener sin titubeos las políticas de prevención y reparación.
En consecuencia, cinco de los siete asistentes resolvieron presentarse abiertamente ante los medios de comunicación: Jean-Marie Delbos, Véronique Garnier, Jérôme Guillement, Olivier Mardi y Bertrand Virieux, mientras dos prefirieron reservar su identidad bajo estricto anonimato.
De igual manera, Delbos, quien padeció violencia sexual en el centro docente de Bétharram, relató a los periodistas que la conversación transformó su percepción de la institución tras haber abandonado la práctica religiosa en su juventud:
«Viví un momento extraordinario; este encuentro me dio una nueva visión de lo que son la Iglesia y el papa, y me impactó profundamente».
Cuestionamientos de otros colectivos y reclamo de representatividad
Por añadidura, el protocolo implementado por los organizadores despertó un fuerte malestar entre diversas organizaciones que quedaron fuera de la agenda papal:
Otras plataformas de sobrevivientes fustigaron con dureza el mecanismo selectivo del Vaticano al calificarlo de excluyente frente al universo total de perjudicados por el clero.
Por otro lado, los siete participantes recalcaron ante la opinión pública que acudieron a la cita exclusivamente a título personal, desmarcándose de cualquier pretensión de vocería gremial.
De modo que las tensiones entre las agrupaciones independientes y los delegados de la conferencia episcopal persisten en torno al alcance real de las mesas de trabajo.
Con información de EFE
