Valencia, 16 de julio de 2025-. El negocio de la venta de cabello a cambio de dólares. “De dos a tres dólares cuesta un gramo”, dice Giselle Contreras. Ella es experta en estilismo y peluquería. Habla del cabello humano como oro. Hasta tres mujeres van al día a su salón. Cortan y venden sus melenas. Esperan ganar dólares para salir de apuros.
Cabello: un activo económico en Venezuela que se pesa. La cantidad de dinero la determina la balanza. El pelo se pesa y cotiza en gramos. Como si fueran piedras preciosas. Cuanto más pesado y abundante, mayor el precio. Las cabelleras de más de 40 centímetros son las más preciadas.
El negocio de la venta de cabello a cambio de dólares
“Pagamos desde 150 a 400 dólares, según la longitud”, indicó Contreras. “Quienes cortan su pelo lo hacen por dinero. No por causas benéficas. A muchas no les queda otra opción”.
En Venezuela, la venta de cabello no es nueva. Pero experimenta un auge notable. Mujeres y hombres venden sus cabelleras. Intentan aliviar dificultades económicas. El sueldo mínimo es 130 bolívares. Son 1.34 dólares al cambio. No cubre ni el 1% de la canasta básica.
Estudios muestran desafíos económicos. Pese a cierta recuperación en sectores. El Observatorio Venezolano de Finanzas proyecta. Inflación del 192% en 2025. Expertos coinciden en que la inflación. Erosionará el poder adquisitivo. Y dificultará la planificación económica.
En este contexto, cortarse el pelo es necesidad. Salones de belleza y emprendedores. Encuentran un negocio lucrativo. La venta de cabello es una forma de subsistir.
Crónica Uno recorrió negocios de belleza. Constató que cabello largo y saludable. Es un valioso activo económico. Para emprendedores y ciudadanos.
En la peluquería de Ivo Contreras en Chacaíto. El cabello se exhibe como lujo. Solo para quien puede costearlo. Hay vitrinas llenas de pelucas. Y extensiones de cabello humano. De tonos rubios, pelirrojos, castaños. Cortas, largas, lisas y onduladas.
Cabello: un activo económico en Venezuela y su dualidad. Este salón es uno de tantos. Se sustenta comprando cabello humano. Y vendiendo pelucas y extensiones. Todo inicia en la silla del estilista. Evalúa la cabellera de candidatos. Para ver si cumplen requisitos.
Una vez cortada la melena, va a un taller. Funciona como primera fábrica de pelucas oncológicas. El pelo se selecciona y trata. Se somete a coloración e hidratación. Para fabricar los postizos.
De necesidad a lujo y desigualdad
Elaborar una peluca es laborioso. Se implanta cabello por cabello, artesanalmente. Se pueden personalizar. La confección tarda hasta un mes.
Extensiones de cortina cuestan desde 300 dólares. Las pelucas, según el largo, hasta 500 dólares. Pacientes con cáncer tienen 50% de descuento.
“Familiares de niños con cáncer vienen a cortar». «Su cabello para hacer pelucas a sus parientes». «Hacemos el canje de cabello por peluca». «Es la única transacción que hacemos”, señaló Contreras.
Yayna Bolívar, dueña de un puesto de estilismo. En el Centro de Economía Informal Manuelita Sáenz. Trabaja 20 años con extensiones. También compra cabello humano. Las caraqueñas buscan embellecer su melena. Añaden volumen con postizos.
Esta realidad contrasta con el interior. Mujeres de zonas rurales viajan a Caracas. Forzadas por la precariedad. Para vender sus largas melenas.
“Quienes venden pelo son de caseríos”. “O áreas fronterizas con pocos recursos”. “Vienen de Táchira o Mérida”. “Aquí en Caracas se les paga mejor”. “En el interior quieren darles 20 dólares por trasquilarlas”.
Bolívar contó que una clienta viajó a la frontera. Para vender su melena hasta la cintura. Se arrepintió a último momento. Vio cómo a su prima le cortaron mal el pelo. Con tijera de entresacar por 20 dólares. Un chico la persiguió para convencerla. Sabiendo que no sabían de precios. Y necesitaban dinero.
En su salón, cotiza el pelo por peso. Pero solo vende extensiones. Paga hasta 1 dólar por gramo. “Por algunos mechones pago 50 dólares”. “Según su calidad”.
Clientes
Instalación de extensiones sintéticas va desde 25 dólares. Paquetes de cabello humano. Con tres cortinas de 18 pulgadas. Oscilan desde 180 dólares.
El pelo refleja desigualdad social. Para clientes con recursos es vanidad. Optan por añadir cabello. Quienes no, lo venden.
Yorelis Acosta, UCV, explicó. La venta de cabello refleja desesperación. Precariedad y pobreza. Afecta a muchas mujeres. Especialmente sin herramientas para ingresos.
«Cortarse el pelo por necesidad impacta». «En la autopercepción de la mujer». «Puede generar tristeza y frustración». «Puede verse como sacrificio por ingreso». «A menudo se usa para comprar comida».
La especialista señala la industria informal. Comercializa pelucas y postizos. En fronteras y Cúcuta. Allí coexiste comercio ilícito y legal. «Es urgente apoyar a las mujeres». «Que el cabello sea un valor sin dañar su imagen».
Bolívar señala la ausencia de precios estándar. Depende de la peluquería y cliente.
Mirta Clermont es comerciante informal. Desde hace un año en el negocio. Tiene su puesto en Sabana Grande. Anuncia compra de pelo humano. Para extensiones a domicilio. Paga entre 50 y 70 dólares por mechón.
Diario se acercan tres a cinco mujeres. Interesadas en vender su pelo. No todas califican. El cabello debe ser casi virgen. Y tener al menos 30 centímetros. Clermont es madre soltera. Considera el cabello esencia de la mujer. Ofrece alternativas a sus clientes.
“Trato de no cobrarles caro”, dijo. “Instalo las cortinas en 15 dólares”. Comprando e instalando cabello humano. Ayuda a quienes necesitan dinero. Y a quienes desean verse bellas.
Para clientes con presupuesto limitado. Hay postizos de fibras sintéticas. Desde 7 dólares online. El catálogo incluye más opciones. Cabello hindú o de hebra vegana.
