El gigante estatal chino CMEC alista el encendido de un bloque de 600 megavatios en Planta Centro para frenar los apagones en Venezuela, según Bloomberg. La corporación estatal China Machinery Engineering Corp. (CMEC) ultima los preparativos técnicos para reactivar de manera parcial el gigantesco complejo termoeléctrico de Planta Centro, ubicado en las costas centrales del país, tras permanecer prácticamente paralizado durante años.
Fuentes cercanas a las maniobras operativas confirmaron este sábado 24 de octubre de 2026 que el conglomerado asiático encenderá el próximo mes una potente turbina de 600 megavatios alimentada con fueloil, amparada en un convenio bilateral que data del mandato del presidente Hugo Chávez.
La referida inyección energética promete oxigenar el deteriorado Sistema Eléctrico Nacional (SEN), cuya fragilidad empeoró drásticamente a raíz de los devastadores terremotos registrados en junio pasado.
La reactivación de CMEC y el impacto geopolítico en medio de las sanciones
Los ingenieros de la compañía china ejecutan pruebas de presión y ajuste en las calderas sin emitir pronunciamientos públicos sobre el avance del proyecto:
- La empresa contratista prevé incorporar 600 megavatios al tendido interconectado mediante la quema de combustible pesado en las instalaciones de Planta Centro.
- Dicha central térmica ostenta el título de la mayor infraestructura de generación eléctrica a base de combustibles fósiles en todo el territorio venezolano.
- El Ministerio de Comunicación e Información de Venezuela y la directiva corporativa de China Machinery Engineering guardaron absoluto silencio ante las peticiones formales de declaraciones formuladas por periodistas.
- La presencia técnica de Pekín en la rehabilitación de turbinas estratégicas ratifica la vigencia de los lazos económicos bilaterales, desafiando las promesas de la administración de Donald Trump orientadas a erradicar la influencia china en el país.
- El aporte de energía térmica busca mitigar la sobrecarga que soportan los centros urbanos provinciales, donde la población experimenta racionamientos prolongados y reiterados bajones de voltaje.
En tal sentido, las autoridades del sector eléctrico confían en que la entrada de este bloque térmico estabilice las líneas de transmisión hacia la región central y occidental.
A este respecto, diversos expertos en relaciones internacionales destacan que el gigante asiático preserva sus activos contractuales en suelo venezolano a pesar de las presiones comerciales de la Casa Blanca.
Aunado a esto, las cuadrillas mixtas de operarios reemplazan cableados de alta tensión dañados por la corrosión salina que impera en la costa donde se asienta la planta.
Asimismo, los gremios industriales esperan que la llegada de los nuevos megavatios reduzca las interrupciones imprevistas en los parques fabriles de Carabobo y Aragua.
Desinversión, protestas de calle y el auxilio del sector petrolero
Canibalización de turbinas y el estallido del descontento ciudadano
Por otra parte, la precariedad de la red eléctrica nacional refleja el impacto acumulado de años de desinversión sostenida, falta de mantenimiento técnico y el efecto restrictivo de las sanciones norteamericanas.
Las cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social ilustran la gravedad del colapso: solo durante el mes de septiembre los ciudadanos protagonizaron 531 protestas de calle por causa de los apagones, marcando un incremento de más de veinte veces frente al mismo periodo del año precedente.
Sobre los registros teóricos, el país cuenta con una capacidad instalada nominal cercana a los 37.000 megavatios —la mitad dependiente del caudal de represas hidroeléctricas como Guri—, según certifica la consultora BloombergNEF.
Sin embargo, las plantas termoeléctricas sufren una severa degradación física que obligó a los técnicos durante años a desvalijar piezas de unas unidades para colocarlas en otras mediante la práctica del canibalismo de componentes.
Dicho desbalance castiga con crudeza al interior de la República, convirtiendo a la ciudad de Caracas en uno de los contados reductos que escapa al apagón permanente, salvo por esporádicas fluctuaciones de voltaje.
En consecuencia, los comités de usuarios en las regiones exigen una distribución equitativa de las cargas eléctricas para evitar la parálisis de escuelas y dispensarios médicos.
De igual manera, los técnicos alertan que la red nacional demanda miles de millones de dólares en inversiones inmediatas para renovar subestaciones obsoletas.
La reacción de las petroleras y la autogeneración en los campos
Por añadidura, la continuidad del flujo eléctrico representa un asunto de vida o muerte para la industria de los hidrocarburos, auténtico motor financiero de la economía patria.
La extracción de crudo en los campos tradicionales depende directamente de la energía que suministra el sistema nacional, aun cuando las recientes reformas legales conminan a los operadores a instalar fuentes de autogeneración.
Para sortear las fallas del tendido público, firmas internacionales de peso como Repsol SA, Chevron Corp. y North American Blue Energy Partners Inc. —socio vinculado al Pentágono— ejecutan directamente reparaciones en subestaciones y líneas eléctricas.
Dichas multinacionales buscan garantizar un suministro constante y confiable que impida la paralización de las bombas electrosumergibles y las plantas de compresión en las áreas de explotación.
Por otro lado, los consorcios extranjeros coordinan trabajos técnicos con las gerencias regionales de Corpoelec para blindar los circuitos prioritarios de bombeo.
De modo que el inminente encendido de 600 megavatios a cargo de CMEC, el malestar social reflejado en más de 500 protestas, el blindaje que ejecutan firmas como Chevron y el peso de Planta Centro definen un capítulo trascendental para la estabilidad nacional.
Con información de Bloomberg
