El calor extremo deja 5.807 muertes en España durante el verano de 2026 y marca el récord de letalidad de la última década según el Instituto de Salud Carlos III. El verano de 2026 cerró con un saldo trágico de 5.807 personas fallecidas a causa de las altas temperaturas en España. El Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria por todas las causas (MoMo), adscrito al Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), presentó este martes 13 de octubre de 2026 las estimaciones concluyentes de su período de rastreo epidemiológico, certificando la marca anual más letal de la última década en territorio español.
Dicha cifra sobrepasa los techos históricos registrados desde 2015 y evidencia cómo los episodios sostenidos de calor asfixiante desestabilizan a los pacientes con enfermedades crónicas y a los adultos mayores.
Balance definitivo del Plan Nacional, monitoreo del MoMo y balance de la década
El sistema científico consolidó su base de datos tras concluir formalmente el calendario de contingencia térmica que el Gobierno español despliega cada año entre la primavera y el otoño.
Los datos fundamentales certificados por el centro de investigación sanitaria resumen los siguientes aspectos:
- Los 5.807 fallecimientos corresponden al período de vigencia del Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperatura sobre la Salud, activo entre el 15 de mayo y el 30 de septiembre.
- El balance global de 2026 representa la cifra más elevada de decesos atribuibles al factor térmico en los últimos diez años dentro de España.
- El registro del presente ciclo superó holgadamente los 4.789 decesos contabilizados durante el verano de 2022, temporada que mantenía el máximo precedente.
- La estadística también rebasó con amplitud los números del estío de 2025, cuando los registros computaron 3.832 víctimas fatales por exceso de calor.
- Los epidemiólogos del ISCIII elaboraron estos cálculos mediante modelos matemáticos que cruzan la temperatura ambiental con las defunciones diarias reportadas.
En tal sentido, las autoridades médicas destacan que las olas de calor no solo causan golpes de calor directos, sino que descompensan patologías cardiovasculares y respiratorias preexistentes.
A este respecto, diversos geriatras recuerdan que la deshidratación rápida y la pérdida de electrolitos golpean con severidad a quienes residen en viviendas sin climatización adecuada.
Aunado a esto, los servicios de urgencias hospitalarias reportaron picos constantes de ingresos domiciliarios durante las semanas en que las noches tropicales impidieron el descanso corporal.
Asimismo, las brigadas de protección civil intensificaron sus llamadas telefónicas y visitas a personas solas para evitar desenlaces fatales en las ciudades más calurosas.
Comparativa con la serie histórica y el antecedente imborrable de 2003
Diez años de registros continuos desde 2015
Por otra parte, la evolución de los datos oficiales demuestra que la península enfrenta temporadas estivales cada vez más prolongadas y dañinas para el organismo:
El sistema MoMo inició su serie histórica estandarizada en 2015 para cuantificar de forma rigurosa la incidencia directa e indirecta del calor sobre la mortalidad nacional.
A lo largo de este decenio, los veranos de 2022 y 2025 ocupaban los lugares más preocupantes en las tablas estadísticas, hasta que el balance de 2026 pulverizó ambas barreras numéricas.
Dicho incremento sostenido en las defunciones obliga a las comunidades autónomas a evaluar protocolos laborales más estrictos para los trabajadores al aire libre.
En consecuencia, los colegios profesionales de médicos reclaman que los ayuntamientos habiliten más refugios climáticos urbanos en bibliotecas, centros cívicos y parques arbolados.
De igual manera, los científicos del clima advierten que los períodos caniculares comienzan antes en el calendario y extienden sus efectos nocivos hasta bien entrado el otoño.
El fatídico precedente de las 13.000 muertes
Por añadidura, el balance del presente ciclo, aunque sumamente grave, permanece todavía por debajo del episodio térmico más catastrófico del que se tenga memoria en España:
Las estadísticas de 2026 no alcanzaron la trágica magnitud del verano de 2003, cuando aproximadamente 13.000 personas perdieron la vida en España debido a una ola de calor histórica que colapsó a Europa occidental.
Aquel dramático estío propició precisamente que el Ministerio de Sanidad diseñara y pusiera en marcha, por primera vez, el plan preventivo estatal que rige hasta la fecha para mitigar los efectos del calor extremo.
Dicho dispositivo institucional incluye actualmente alertas tempranas por colores, recomendaciones de hidratación masiva y seguimiento focalizado a colectivos vulnerables.
Por otro lado, los expertos en salud pública sostienen que, sin la existencia de estos protocolos preventivos, la mortalidad de 2026 habría alcanzado cotas todavía más alarmantes.
De modo que las 5.807 muertes confirmadas, el nuevo récord decenal frente a 2022 y 2025, y la vigencia de los planes de contingencia sanitaria colocan al calor extremo como una de las mayores amenazas para el bienestar en España.
Con información de EFE
