Crece la tensión en torno al programa H-2A en Estados Unidos. La temporada de cosechas comienza en Estados Unidos con incertidumbre para más de 300.000 trabajadores agrícolas extranjeros, como Carmelo Méndez, quien el año pasado podó melocotoneros en Colorado. Hoy, desde Tlaxcala, busca empleo en Facebook, deseando regresar al país donde ganaba 17,70 dólares por hora.
El programa H-2A, que permite contratar temporalmente a trabajadores del campo, se ha vuelto esencial. Agricultores afirman que sin él, la producción colapsaría; sin embargo, nuevas propuestas federales amenazan su continuidad. El Proyecto 2025, impulsado por sectores afines al expresidente Trump, propone sustituir a los trabajadores H-2A por ciudadanos estadounidenses o maquinaria.
Crece la tensión en torno al programa H-2A en Estados Unidos
Aunque la automatización avanza, muchos cultivos siguen dependiendo de la mano de obra humana. Pequeños agricultores aseguran no poder costear la tecnología necesaria, mientras que organizaciones laborales denuncian abusos estructurales en el programa. Los trabajadores H-2A dependen totalmente de sus empleadores: no pueden cambiar de trabajo, y en algunos casos, denuncian la retención de pasaportes o el cobro indebido por reclutamiento.
La agroindustria, que donó más de 24 millones de dólares a la campaña de Trump, apoya el programa, pero pide flexibilizar los requisitos salariales y de vivienda. Por otro lado, líderes sindicales advierten que se está desplazando a trabajadores indocumentados con décadas en el país, sin ofrecerles vías legales de permanencia.
Más del 91% de los trabajadores H-2A provienen de México. Muchos, como Flavio Vázquez en Nueva York, logran mejorar su economía familiar, aunque a costa de la separación prolongada de sus seres queridos.
Mientras se debate su futuro, el campo estadounidense sigue necesitando manos para recoger la próxima cosecha. Pero esas manos viven entre la esperanza, la explotación y el miedo.
