Diario La Calle – Caracas, 1 de junio de 2024. Este domingo 2 de junio, millones de ciudadanas y ciudadanos acudirán a las urnas para participar en las que son consideradas las elecciones más grandes de la historia de México en las que se definirán más de 20,000 cargos locales y federales, entre los que destaca a quien ocupará la Presidencia de la República para el próximo sexenio.
La lista nominal está integrada por 99 millones 8 mil 38 mexicanas y mexicanos residentes en territorio nacional y también en el extranjero.

México se prepara para elegir por primera vez en su historia a una mujer para ocupar la presidencia, ya que el único hombre en la contienda va en un muy lejano tercer lugar. Pero lo que moverá a la gran mayoría de los mexicanos no son las propuestas, a veces difusas, de la candidata oficialista Claudia Sheinbaum o de la opositora Xóchitl Gálvez, sino el deseo de continuar o de romper con el legado del actual presidente.
“Es más que una elección, es un referéndum”, reconoció el propio Andrés Manuel López Obrador. “Es elegir el proyecto de nación que queremos”.
México es hoy un país con más programas sociales, pensión universal y mejores salarios mínimos, pero también un país más militarizado, donde no se ha podido controlar la violencia, ni el avance de los cárteles, ni la impunidad y donde la figura del presidente ha divido a la sociedad: o se está con él o contra él.

Los mexicanos acudirán en un país cada vez más polarizado que sigue luchando con enormes niveles de violencia en grandes áreas de su territorio.
Hasta la Iglesia católica se ha visto obligada a intervenir, intentando negociar la paz en las zonas de conflicto, pero sus propios sacerdotes han sido secuestrados y asesinados.
Es casi seguro que el próximo mandatario de México sea una mujer. Las dos principales candidatas son mujeres y el tercero, un hombre de un partido más pequeño, va a la zaga. Esta posibilidad ha hecho crecer la esperanza en algunos de los sectores más marginados de México, como las mujeres indígenas y los 2,5 millones de trabajadoras domésticas, de que sus voces serán escuchadas. Una de las dos candidatas ofrece continuidad. La otra promete el cambio.
Otras mujeres, las madres de los más de 100.000 desaparecidos en México, tienen menos motivos para esperar un cambio. La política de “abrazos, no balazos” del presidente saliente Andrés Manuel López Obrador para enfrentar a los cárteles de la droga no ha logrado reducir significativamente los asesinatos. La estrategia de sus predecesores de perseguir a los capos de la droga en una guerra abierta tampoco mejoró las cosas.

Algunos mexicanos tienen la esperanza de que cualquiera de las dos candidatas pueda acelerar los titubeantes y limitados pasos hacia las energías limpias. La mayoría está de acuerdo en que López Obrador, un amante de los combustibles fósiles que ha mantenido una enorme presencia en la elección incluso sin aparecer en las boletas, representó un retroceso —construyó una enorme refinería de petróleo y puso en desventaja a los productores de energías limpias.
Su sucesora ungida, la candidata puntera y exjefa de gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, tiene estudios en ciencias climáticas. Con gran parte del país sufriendo por la escasez de agua y la prolongada sequía, ciertamente existe la urgencia y la sed de acción.
Xóchitl Gálvez, empresaria, ingeniera y exsenadora, lidera una coalición opositora formada por un partido conservador (el PAN), uno izquierdista (el PRD), y el que gobernó México durante siete décadas del siglo XX (el PRI).

Encarna el rechazo frontal a López Obrador a quien considera un líder autoritario y de quien critica su política de seguridad de “abrazos, no balazos”, que no ha logrado contener la violencia, así como sus ataques a los organismos autónomos o al poder judicial.
Con información de agencias y Diario La Calle
