Valencia, 12 de diciembre de 2025-. Aumenta la economía informal en Venezuela en medio de incertidumbre. La economía informal en Venezuela se ha convertido en la principal salida para una parte importante de la fuerza laboral. En Monagas, la Confederación de Trabajadores estima que entre 55% y 70% de los ocupados trabaja en este sector.
Para el economista Asdrúbal Oliveros, estas cifras revelan una tendencia nacional. Señala que alrededor de la mitad de los trabajadores está fuera del empleo formal, y en zonas rurales la proporción puede ser mayor.
Aumenta la economía informal en Venezuela en medio de incertidumbre
Oliveros advierte que la informalidad no es solo un dato. También refleja un mercado laboral desajustado. “El trabajo informal puede resolver el día a día, pero no ofrece ningún tipo de protección”, afirmó en una entrevista con Unión Radio.
Quienes dependen de este tipo de ingresos carecen de seguridad social, vacaciones, respaldo ante accidentes o estabilidad económica. “Vives en función de lo que haces, y en condiciones muy precarias es difícil sostener tu dinámica de vida, mucho menos construir un fondo de emergencia”, añadió.
Costos crecientes y bajos ingresos
La inflación y la pérdida del poder adquisitivo empujan a más personas hacia la economía informal en Venezuela. Mientras los precios suben, los salarios formales permanecen entre los más bajos de la región.
Una familia de cuatro miembros puede gastar cerca de 650 dólares solo en alimentos. Sin embargo, el salario promedio del sector privado cubre apenas un tercio de esa cifra. En este contexto, mantenerse en un empleo formal pierde atractivo.
Oliveros plantea una pregunta frecuente. “¿Qué sentido tiene dedicar ocho horas diarias para recibir un sueldo ínfimo?”, señaló. Por esta razón, muchos trabajadores optan por actividades informales que ofrecen ingresos inmediatos y horarios flexibles.
El fenómeno del “mata tigre”, que incluye oficios ocasionales y variados, se ha vuelto parte cotidiana de la supervivencia económica.
Precariedad compartida
La precariedad también afecta a los trabajadores formales. Según Oliveros, un número significativo debe realizar actividades paralelas para complementar sus ingresos. La brecha entre lo que ganan y lo que cuesta vivir continúa ampliándose.
El economista estimó recientemente la “canasta óptima”, que incluye alimentos, vivienda, servicios, educación y recreación. Su valor asciende hoy a 2.750 dólares mensuales. Hace pocos años costaba entre 900 y 1.000 dólares.
El aumento evidencia la incapacidad del mercado laboral para acompañar el ritmo del costo de vida.
Para Oliveros, el debate entre empleo formal e informal pierde sentido. Ambos modelos enfrentan dificultades. La raíz del problema está en una economía donde los ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas.
