Ambicioso plan petrolero de Donald Trump para controlar el crudo en Venezuela descansa en manos del influyente y cuestionado empresario Alejandro Betancourt. La administración del presidente Donald Trump selló un inusual acuerdo para explotar los vastos yacimientos energéticos de Venezuela que contempla una alianza operativa directa con el influyente y controvertido empresario venezolano Alejandro Betancourt López, cuya familia controla North American Blue Energy Partners (NABEP), el segundo mayor productor privado de crudo en el país.
El plan gubernamental prevé canalizar el respaldo técnico y financiero a través de la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono, mientras que la firma privada asumirá la gestión directa de 17 campos petroleros distribuidos en el territorio nacional.
Ante este escenario, la presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, respaldó públicamente el convenio al proyectar ingresos fiscales superiores a los 200.000 millones de dólares para apuntalar la recuperación económica de la nación.
Estructura del convenio, cuota de producción y esquema financiero de warrants
En primer lugar, funcionarios del Departamento de Estado señalaron que los términos del pacto otorgan efectivamente a los Estados Unidos el 55 % de la producción generada por la empresa conjunta, garantizando el acceso a crudo a precios preferenciales dentro del hemisferio occidental.
En este sentido, fuentes cercanas a las negociaciones revelaron que el gobierno estadounidense contará con el derecho de adquirir participaciones accionarias en NABEP mediante el uso de instrumentos financieros conocidos como warrants, los cuales permiten comprar títulos corporativos a un valor prefijado según su cotización de mercado.
«North American Blue Energy Partners expresó su disposición de colaborar con el gobierno de Estados Unidos para reconstruir la industria energética venezolana, indicando que sería prematuro detallar el alcance final de su rol operativo, mientras que su asesoría jurídica ratificó que el señor Betancourt no enfrenta cargos penales formales en ninguna jurisdicción», destacaron los pronunciamientos institucionales divulgados en la prensa internacional.
Por consiguiente, la compañía con sede en Barbados —que produce actualmente unos 200.000 barriles por día sobre la base de activos que integraron la antigua Petrozamora en la cuenca del lago de Maracaibo— prevé asumir hasta 5.000 millones de dólares en compromisos de deuda para elevar su extracción a un millón de barriles diarios en un lapso de cinco años.
Objetivos geopolíticos de Washington, rol del Pentágono y gestiones diplomáticas
Estrategia de la Casa Blanca en el mercado global
Por su parte, el presidente Donald Trump sostuvo que la medida busca consolidar el control mayoritario sobre áreas sustanciales de las reservas probadas venezolanas, buscando neutralizar la influencia de los productores de Medio Oriente y estabilizar las cotizaciones internacionales tras la escalada bélica contra Irán.
De manera paralela, gigantes energéticos como Chevron mantienen conversaciones avanzadas para expandir sus operaciones en el país, lo que ampliaría el radio de influencia de Washington sobre una industria nacional que ronda apenas el millón de barriles diarios debido a años de deterioro, problemas de gestión y sanciones financieras.
Inmunidad fáctica y respaldo institucional a Betancourt
Al respecto, funcionarios del gabinete estadounidense, incluido el secretario de Estado Marco Rubio, valoraron positivamente la capacidad de producción mostrada por Betancourt en el sector privado para priorizar los objetivos estratégicos de Washington por encima de cuestionamientos pasados.
Asimismo, voceros gubernamentales tramitaron una visa de entradas múltiples para el empresario y realizaron gestiones diplomáticas ante autoridades de Suiza y el Reino Unido con el fin de atenuar pesquisas financieras en Zúrich y flexibilizar restricciones de viaje, al tiempo que el portavoz del Pentágono, Kingsley Wilson, aseguró que la Oficina de Capital Estratégico aplica revisiones de diligencia debida y controles regulatorios en cada una de sus transacciones.
Con información de The New York Times
