Unicef calcula que 25,8 millones de menores en Latinoamérica afrontan hambre y pérdida de clases por El Niño que amenaza con romper récords históricos. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advirtió formalmente este miércoles 30 de septiembre de 2026 que unos 25,8 millones de niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe enfrentan graves secuelas derivadas del fenómeno El Niño.
El organismo internacional detalló que el recrudecimiento de este ciclo natural desencadena inundaciones destructivas y sequías prolongadas, incrementando los índices de malnutrición, la propagación de enfermedades y el aislamiento respecto a servicios esenciales.
Proyecciones históricas para 2026 y panorama en Suramérica y Centroamérica
La asesora regional de Emergencias de Unicef para América Latina y el Caribe, Lenay Alexandra Blason, detalló las dimensiones del problema durante una conversación con la agencia EFE.
La funcionaria internacional remarcó que las anomalías térmicas golpean la cotidianidad de los planteles educativos y los hogares más desprotegidos:
«Los principales impactos (son) tanto en salud, nutrición como en agua, saneamiento y el bienestar general de los niños en las escuelas con los impactos de las olas de calor».
En tal sentido, los científicos advierten que las aguas superficiales del Pacífico central y oriental registran temperaturas inusualmente elevadas que alteran los regímenes pluviales mundiales.
A este respecto, los modelos meteorológicos proyectan que este episodio de 2026 alcanzará una categoría muy fuerte, perfilándose como el evento más intenso desde el inicio de los registros formales en 1950, prolongando sus efectos dañinos al menos hasta febrero próximo.
Asimismo, el fenómeno exhibe un comportamiento dispar según la geografía:
- En Suramérica, con foco crítico sobre las poblaciones costeras y rurales de Perú y Ecuador, desatará precipitaciones torrenciales, crecidas de ríos y grandes corrimientos de tierra.
- En Centroamérica, especialmente a lo largo del Corredor Seco, agrava la aridez del suelo y asfixia la producción agrícola campesina.
Aunado a esto, los especialistas alertan que las comunidades vulnerables carecen de reservorios hídricos para resistir meses de sequía continua.
Retiro escolar, hambre y daños a la infraestructura comunitaria
Asfixia del agro entre noviembre y febrero
Por otra parte, la vocera de emergencias de Unicef puntualizó que el desplome de las cosechas incidirá directamente en la seguridad alimentaria familiar.
Blason subrayó que la falta de lluvias golpeará con mayor crudeza a los campos de cultivo entre los meses de noviembre y febrero:
«tendría un impacto en el acceso a los alimentos. Los niños podrían verse afectados con procesos de malnutrición, familias que tienen problemas de acceso al agua y al saneamiento, también. Habrá olas de calor que se prevén en las zonas del Caribe».
En consecuencia, el estancamiento de las aguas tras las tormentas propiciará el contagio masivo de patologías de origen hídrico, afectando la supervivencia de los infantes al contaminar las tomas de agua potable.
De igual manera, el Corredor Seco registrará una reducción drástica del recurso hídrico seguro, empujando a los menores hacia la desnutrición y forzando la suspensión de las actividades escolares.
Por añadidura, las crisis estructurales que arrastran naciones como Cuba y Haití empeoran bajo este escenario, deteriorando la salud y la protección de los más pequeños.
Comunidades amazónicas aisladas y llamados a los gobiernos
Por otro lado, los temporales caribeños y las crecidas en el litoral pacífico suramericano amenazan con destruir escuelas y dispensarios médicos indispensables para la niñez.
La persistente sequía en la cuenca amazónica incomunica por vía fluvial a los poblados indígenas, privando a los menores originarios de medicinas, suministros básicos y atención profesional.
Frente a este escenario, Blason enfatizó la urgencia de recopilar información de campo para organizar reservas de víveres e insumos médicos de manera oportuna.
De modo que Unicef instó a los mandatarios de la región a actuar con rapidez, destinando inversiones a planes de respuesta temprana y cerrando la brecha financiera que margina la protección de la infancia.
Con información de EFE
