Valencia, 24 de septiembre de 2026-. En sectores como Maiquetía, la actividad cotidiana conserva parte de su ritmo. Sin embargo, al avanzar hacia el este, el paisaje cambia por completo.
En Caraballeda, grandes montañas de escombros ocupan espacios donde antes había edificios residenciales frente al mar. Camiones de carga trasladan continuamente material, mientras terrenos despejados exhiben avisos que reclaman su propiedad.
El contraste también se refleja en la actividad comercial. Algunos negocios reabrieron pocos días después de los terremotos, pero sus propietarios aseguran que las ventas se han reducido considerablemente.
A tres meses del doble terremoto, La Guaira sigue entre escombros e intentos de levantar de nuevo el comercio
Linethe Fares, de 50 años, es propietaria de la arepera El Rincón del Mileniun, en la avenida Intercomunal de Macuto. El establecimiento tiene 55 años de tradición familiar y es conocido por sus empanadas de chipichipi con cazón.
El negocio reabrió al octavo día del terremoto. Fares asegura que inicialmente recibió clientes vinculados con las labores de emergencia, pero posteriormente la actividad disminuyó.
«Al principio fluía porque había rescatistas, la dinámica de la emergencia traía gente, pero ya todo decayó, esto se está quedando muy solo», explicó.
La comerciante tuvo que mudarse a Caracas después de perder su vivienda. Ahora espera que la recuperación del turismo permita mejorar las ventas.
«Como no abren las playas, nosotros, que vivimos mucho de los playeros, hemos visto cómo ha mermado muchísimo el comercio», afirmó.
En el mismo sector, Family Market Bit volvió a funcionar 11 días después de los terremotos. Su propietario, Roger Palmas, explicó que el establecimiento no sufrió daños estructurales, aunque perdió mobiliario y mercancía.
Palmas utilizó sus ahorros para reponer equipos y productos. También solicitó créditos bancarios para cubrir los gastos, pero todavía espera una respuesta.
Según el comerciante, las ventas disminuyeron 60%. Además, cuestionó que continúen las obligaciones tributarias sin medidas especiales para los negocios afectados.
«No hay sensibilidad de parte del ente gubernamental para decirle al comerciante: “Esta es la ayuda, vamos a exonerar, vamos a flexibilizar o el canon va a bajar”», expresó.
El comercio también carga con el duelo
En Mare Abajo, las playas y buena parte de los comercios permanecen cerrados. Una de las excepciones es Las arepas de Margaret, que reabrió el 1 de septiembre.
Antes del terremoto, el establecimiento vendía más de 500 arepas diariamente. Ahora, según su propietaria, la cifra se redujo aproximadamente a la mitad.
El impacto de la tragedia también alcanzó directamente a los trabajadores. El primer local de Margaret, ubicado en la avenida El Ejército de Catia La Mar, quedó destruido. Cuatro de sus empleados fallecieron.
En Caribe, apenas unos ocho comercios permanecen activos entre decenas de edificios colapsados. Allí también funciona parcialmente una estación de servicio, que cierra a las 6:00 de la tarde porque hasta esa hora se mantiene el transporte.
Entre quienes intentan recuperar su actividad está José Alfredo Azuaje, de 55 años. Su cerrajería desapareció cuando colapsó el edificio Roca Park y destruyó los dos primeros pisos.
«27 años de trabajo los perdí en 39 segundos», relató.
Pero su pérdida económica quedó relegada frente a una tragedia familiar. Su hijo Tito, de 28 años, y su nieto Fabián, de 15, quedaron bajo los escombros del edificio Gradisca. Azuaje tardó 16 días en recuperar sus cuerpos.
Ahora instaló un pequeño puesto frente al terreno donde estaba Roca Park. Lo llamó Cerrajería TF, en memoria de ambos.
Además de ofrecer servicios de cerrajería, vende golosinas para obtener ingresos y espera acceder a los créditos bancarios solicitados.
«Yo abrí este negocio en honor a ellos, por eso le tengo tanto cariño», manifestó.
La Guaira enfrenta el dilema del turismo
Para algunos comerciantes, la reapertura de las playas representa una posibilidad de recuperar ingresos. Para Azuaje, sin embargo, hacerlo demasiado pronto podría desconocer el duelo de las comunidades más afectadas.
«Deberían esperar un poquito más para abrir las playas, tampoco creo que las de esta zona estén aptas», sostuvo.
El comerciante considera que la recuperación turística debería comenzar progresivamente en las zonas menos afectadas y avanzar hacia los sectores golpeados por los terremotos.
También pidió evitar el llamado «turismo de terror», asociado a personas que llegan únicamente para fotografiar la destrucción.
«El turismo hace falta, pero también hay gente que viene por un “turismo de terror”, a tomar fotos para ver cómo quedó esto. Aquí perdimos a muchos», afirmó.
Tres meses después de los terremotos del 24 de junio, los comerciantes de La Guaira enfrentan así una doble necesidad: recuperar sus fuentes de ingresos y preservar el duelo de comunidades que todavía conviven con las consecuencias de la tragedia.
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