El trauma invisible del terremoto en Colombia desata una ola de insomnio y pánico mientras más de mil terapeutas auxilian a víctimas atrapadas por réplicas. Frente a las profundas secuelas emocionales que persisten tras la devastación material, miles de ciudadanos colombianos han comenzado a romper prejuicios socioculturales para solicitar auxilio psicológico formal, muchos de ellos por primera vez en su vida, a raíz de los intensos cuadros de ansiedad, insomnio y temor recurrente provocados por el terremoto de magnitud 7,4 del pasado 10 de agosto de 2026.
Concretamente, la Fundación Universitaria Konrad Lorenz desplegó oportunamente una red solidaria de contención que agrupa a más de 1.100 especialistas, egresados y practicantes para brindar soporte gratuito a distancia.
En tal sentido, la tragedia que arrebató la vida a 331 personas, causó pérdidas por 9.500 millones de dólares y afectó a cerca de 400.000 ciudadanos dejó también cicatrices psicológicas severas que perturban la rutina diaria.
La red telefónica y el cambio de fases tras el impacto inicial
A propósito de la creciente afluencia de consultas ciudadanas, la plataforma universitaria registró pedidos de orientación de al menos 1.400 personas pertenecientes a diversos estratos y grupos etarios:
Al respecto, la decana de la facultad de Psicología de la institución, Nubia Villescas, explicó la necesidad básica que manifiestan los pacientes durante los primeros minutos de contacto:
«Mucha gente solamente quiere ser escuchada».
Asimismo, el coordinador de la brigada asistencial, Diego Sánchez, detalló que la naturaleza de los reclamos evolucionó notablemente luego de superar el desconcierto inicial:
«Tras más de un mes del terremoto, uno espera que con el tiempo bajen los casos, pero hay muchas personas que se siguen sintiendo afectadas».
Con el objetivo de evitar el agotamiento físico y emocional de los terapeutas, los coordinadores del proyecto asignaron entre cuatro y cinco pacientes a cada voluntario, implementando además protocolos de protección interna para resguardar la salud mental de los propios cuidadores.
De este modo, familiares y amigos angustiados asumen frecuentemente la iniciativa de llamar para reportar a seres queridos que han perdido el descanso nocturno o viven en un perpetuo estado de sobresalto.
La constante amenaza del subsuelo y la atención infantil
La persistencia sísmica y las prioridades de supervivencia
Por otra parte, la estabilización emocional de las familias choca contra la realidad geológica del territorio, dado que la tierra no ha cesado de temblar desde la fractura original.
En este sentido, los registros técnicos del Servicio Geológico Colombiano (SGC) contabilizan hasta la fecha 297 réplicas directas del sismo principal, sumadas a 1.232 movimientos telúricos vinculados con un enjambre sísmico superficial.
Conforme explicó Villescas, numerosas personas postergan inevitablemente la búsqueda de consuelo mental debido a que concentran sus energías inmediatas en satisfacer requerimientos de supervivencia elemental, como encontrar techo, asegurar alimentos o ubicar a parientes con vida.
Tácticas lúdicas y mitigación del pánico nocturno
Aunado a esto, organizaciones humanitarias con amplia trayectoria en la nación cafetera, como la ONG española Ayuda en Acción, abrieron canales de escucha activa y brindaron herramientas para el autocuidado comunitario y el consumo responsable de redes sociales.
Igualmente, el psicólogo de la entidad, Luis Miguel Pérez, advirtió sobre la propagación de sensaciones invalidantes:
«Las principales reacciones emocionales que hemos podido verificar son temas de ansiedad y temor por repetición».
De manera complementaria, los equipos clínicos adaptaron dinámicas basadas en el juego para intervenir a decenas de miles de niños traumatizados, ayudándoles a identificar emociones y reconstruir sus lazos protectores frente al desasosiego que cobra fuerza durante las madrugadas.
Con información de EFE
