Ambientalistas alertan sobre la temporada de vuelo de pichones de guacamayas y advierten que retenerlos al caer tras chocar con edificios frena su aprendizaje y los separa de sus padres. La médica veterinaria Grecia Marquís, representante de la Fundación Plumas y Colas en Libertad, emitió una alerta pública este viernes 11 de septiembre de 2026 para concientizar a la colectividad sobre el ciclo anual de primeros vuelos de los pichones de guacamayas en Venezuela, un periodo crítico que abarca desde junio hasta septiembre y durante el cual las aves jóvenes abandonan los nidos para iniciar su proceso de autonomía en el aire.
Por lo tanto, la especialista advirtió que en este lapso es habitual que los ejemplares novatos sufran percances menores o choques contra estructuras urbanas al no dominar aún la técnica para esquivar obstáculos fijos, lo que suele provocar que terminen en el suelo.
Ante este escenario, la ambientalista enfatizó que recoger a estos animales para trasladarlos a hogares particulares constituye un grave error que vulnera su desarrollo biológico, instando a la ciudadanía a preservar su libertad y permitir que sus progenitores completen el entrenamiento de vuelo.
Obstáculos urbanos en Caracas, aterrizajes forzosos y el error del «rescate»
En primer lugar, los detalles del comportamiento de la especie los explicó Marquís durante una intervención institucional, donde detalló cómo la arquitectura de las grandes ciudades incide directamente en los primeros desplazamientos de estas aves. En este sentido, la experta expuso las causas por las cuales muchas crías son halladas en el pavimento de calles y jardines públicos.
«En Caracas, como hay tantos obstáculos, edificios y cualquier cantidad de objetos fijos, ellas no saben esquivar muy bien durante sus primeros vuelos y muchísimas en esta época tienen accidentes menores, porque muchas veces aterrizan mal», argumentó Grecia Marquís al explicar que la densa trama de concreto desorienta a los polluelos inexpertos.
Asimismo, la vocera de la organización conservacionista advirtió que un sector de la población interpreta de manera equivocada la inmovilidad del ave en tierra firme, creyendo falsamente que está imposibilitada para remontar el vuelo y procediendo a capturarla con la intención de brindarle auxilio doméstico.
Protocolo de auxilio en alturas y la importancia de la guía parental
Falta de impulso desde el piso y reubicación en sitios elevados
Por su parte, la profesional veterinaria aclaró la limitación física real que presentan los ejemplares recién salidos del nido cuando quedan varados a nivel del terreno: «Las guacamayas bebés, cuando están en el suelo, no tienen potencia suficiente para elevarse y por eso a ellas hay que colocarlas en lo alto; puede ser una platabanda, un balcón, en unos árboles, para que ellas desde lo alto puedan lanzarse y volar junto con sus papás», puntualizó.
Al respecto, el protocolo técnico indica que la mejor ayuda ciudadana consiste en reubicar al pichón en un punto encumbrado y despejado para que aproveche la gravedad y emprenda el despegue.
Miedo tras el impacto y preservación de la estructura grupal
Al respecto, Marquís insistió en que las personas deben guardar prudente distancia y evitar a toda costa la domesticación o retención de las aves en domicilios, recordando que estas especies dependen de su núcleo familiar para perder el temor tras un choque inicial: «No vuela, no es porque no pueda volar, sino porque no tiene independencia de voluntad para hacerlo y necesita que sus papás lo guíen, la animen, sobre todo después de ese primer accidente, a ella le da más miedo volar», sentenció.
Por ende, la ambientalista reiteró que solo procede una intervención de rescate clínico si el animal presenta una fractura o herida visible: «No las separen de sus papás, ayuden con el protocolo», concluyó, remarcando que estos animales viven estrictamente en bandadas.
Con información de Caraota Digital
