Valencia, 4 de septiembre de 2026-. IPYS Venezuela y la Red de Mujeres Constructoras de Paz presentaron el informe «Sin nosotras no hay transición».
Bajo la premisa de que la recuperación de Venezuela y la construcción democrática no pueden ocurrir al margen del liderazgo femenino, el Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (IPYS Venezuela) y la Red de Mujeres Constructoras de Paz presentaron su cuarto informe anual titulado «Sin nosotras no hay transición».
La presentación, que se llevó a cabo durante un evento presencial en Caracas, y que también fue transmitida de manera virtual a través de Zoom e Instagram live, contó con la intervención de Marianela Balbi, directora ejecutiva de IPYS Venezuela; María Fernanda Rodríguez, corresponsal de IPYS Venezuela; Mabel Sarmiento y Rosalinda Hernández, de la Red de Mujeres Constructoras de Paz y Gabriela Rojas, de la Red de Periodistas Venezolanas.
El informe 2026, analiza la participación de la mujer venezolana en un contexto de recuperación y transición democrática y estudia cómo las mujeres han jugado un papel determinante frente a los desafíos estructurales del país. “Este informe nace en un momento bastante complejo y determinante en Venezuela, se desarrolló en un momento de reacomodo político y de incertidumbre institucional”, explicó Rosalinda Hernández.
Más que un diagnóstico abstracto, el estudio visibiliza a las mujeres que sostienen la cotidianidad con salarios insuficientes, que han quedado al frente de sus familias tras el impacto de la migración y que asumieron la atención humanitaria y la reconstrucción de sus familias y de su entorno comunitario, tras los terremotos del pasado mes de junio.
Entre la convicción y la institucionalidad
Marianela Balbi, detalló los hallazgos principales del informe. Entre los datos más relevantes destaca que, mientras el 69% de las mujeres consultadas considera vital su presencia en un proceso de transición real, apenas el 2% milita en alguna organización política. «Esa distancia entre lo que las mujeres saben que deben aportar y los espacios reales para poder hacerlo resume el tema clave de este informe».
El estudio expuso también una preocupante brecha generacional, aunque la importancia de la participación es defendida por las mujeres mayores de 55 años, la cifra se reduce al 56% en el grupo de jóvenes entre 18 y 34 años. Ante este escenario, Balbi alertó que la desafección juvenil es consecuencia directa de la precariedad económica y de la represión estatal, respaldada por registros del Foro Penal —que contabiliza 246 detenciones arbitrarias de mujeres— y de la ONU, que documentó a 28 niñas judicializadas luego del 28 de julio de 2024.
A las barreras sociales se suma la precariedad económica. Según los datos del informe, los ingresos mensuales se encuentran entre los 230 dólares mensuales en el sector privado, 171 dólares para quienes trabajan por cuenta propia y 117 dólares en la administración pública. Además, el 62% de las mujeres consultadas vive en hogares con piso de cemento, lo que evidencia la vulnerabilidad de su entorno.
La falta de tiempo se consolida como el principal obstáculo para la acción política de las mujeres, mientras el 68% de las madres dedica ocho horas o más al día al cuidado de sus hijos, solo el 8% de los padres asume una responsabilidad similar. A esta carga doméstica se suma la falta de reconocimiento y un acceso limitado a posiciones de liderazgo en los espacios políticos tradicionales.
Para hacer frente a estas diferencias, el informe arrojó la necesidad de respaldar tres compromisos urgentes, reducir la carga doméstica mediante redes de cuidado compartido, garantizar la seguridad documentando y sancionando la represión diferenciada e incorporar a las mujeres en la toma de decisiones no como espectadoras, sino como protagonistas.
Un enfoque más humano
Para la elaboración del informe se aplicó una metodología mixta, a través de una encuesta a 1.226 mujeres mayores de 18 años a nivel nacional acompañadas de ocho entrevistas a lideresas sociales, datos de organizaciones civiles y el cruce de información con la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (Encovi).
Al respecto, María Fernanda Rodríguez, precisó que el 31% de las encuestadas identificó como principal barrera para acceder a espacios de transición la falta de apertura y el poco reconocimiento por parte de los hombres en la política. «Esto es una realidad que vemos desde las altas esferas hasta los espacios más pequeños, existe una altísima convicción sobre el liderazgo, pero las estructuras políticas tradicionales siguen siendo cerradas y continúan viendo a la mujer como insuficientemente capaz para asumir estos roles», sostuvo.
Rodríguez también explicó la trascendencia de los hallazgos del estudio. «La participación de las mujeres no es un complemento de la transición, es una condición para que sea democrática, entendiendo que la democracia de nuestros tiempos tiene que ser equitativa e inclusiva y sin las mujeres esto no es posible».
De este modo, el informe sugiere que las cargas del hogar y el temor a la persecución actúan como los principales frenos estructurales para el ejercicio político en las mujeres, por lo que exige la paridad efectiva, entornos seguros de participación y la sanción a la represión diferenciada por motivos de género.
Con información de Ipys Venezuela
