Valencia, 25 de agosto de 2026-. Trabajadores de La Guaira volvieron a activar el comercio a pesar de seguir entre los escombros de los terremotos del 24 de junio.
El turismo continúa paralizado y miles de negocios permanecen cerrados. Sin embargo, pequeños comerciantes intentan recuperar sus actividades pese a las pérdidas.
Alejandra es una muestra de ese esfuerzo. Dos semanas después de perder su vivienda y peluquería, instaló una carpa en Playa Verde, Catia La Mar.
Desde allí ofrece servicios de manicura y pedicura a los habitantes de la zona. Sus tarifas son bajas y, cuando puede, atiende gratuitamente.
“Con trabajo nos podemos recuperar”, explicó la emprendedora. Su primo también instaló una estación cercana para ofrecer servicios de fisioterapia.
Trabajadores de La Guaira volvieron a activar el comercio a pesar de seguir entre los escombros de los terremotos del 24 de junio
La recuperación económica de La Guaira avanza lentamente. Un censo presentado en julio contabilizó apenas 1.752 negocios operativos.
Antes de los terremotos, la entidad tenía cerca de 7.000 establecimientos comerciales. Esto refleja la magnitud del impacto provocado por los movimientos sísmicos.
El economista Asdrúbal Oliveros estimó que la actividad económica podría contraerse entre 55% y 70% durante el tercer trimestre.
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Los daños directos en La Guaira fueron calculados en 4.982 millones de dólares por el Banco Mundial.
La Cámara de Comercio de La Guaira también registró una caída de 80% en los ingresos del sector productivo.
Además, el 84% de los comercios consultados señaló que no puede garantizar todos los puestos de trabajo.
Más de 30% de los establecimientos encuestados anticipa posibles despidos debido a la situación económica.
Comerciantes regresan entre pérdidas
En el Mercado El Mosquero, ubicado en Maiquetía, la actividad comercial regresó dos semanas después del terremoto.
Sin embargo, seis puestos nunca volvieron a abrir. Sus trabajadores fallecieron durante el colapso de varias estructuras.
Los comerciantes que permanecieron también enfrentan pérdidas importantes. Algunos perdieron viviendas, familiares o clientes habituales.
La reducción de compradores agravó todavía más la situación. Incluso circularon rumores sobre una supuesta contaminación del pescado vendido en el mercado.
En Camurí Chico, el restaurante Pollos Jack reabrió prácticamente de inmediato. Sus trabajadores repartieron alimentos entre las personas afectadas.
Desde entonces, el establecimiento continúa atendiendo principalmente a quienes participan en las labores de recuperación.
Negocios intentan sobrevivir
El Café Alejandrina, en Caraballeda, consiguió resistir el terremoto pese al colapso de las edificaciones cercanas.
Su propietario, Carlos Franco, perdió su vivienda y también una parte importante de su plantilla laboral.
De sus 65 trabajadores, calcula que solamente unos 15 podrán regresar cuando el establecimiento vuelva a operar.
Franco trabaja actualmente en las reparaciones y espera reabrir próximamente. Sin embargo, recuperar el entorno será otro desafío.
El Gobierno regional anunció un fondo de 20,5 millones de dólares para apoyar a 2.300 comercios y emprendimientos.
Los recursos forman parte del denominado Plan Venezuela Renace. También se contempla reconstruir infraestructura turística y espacios afectados.
Una recuperación todavía limitada
José Gregorio Rodríguez, presidente de Consecomercio, estima que más de 30% de la actividad económica ya fue restablecida.
De unos 600 negocios identificados, 60% sufrió algún nivel de afectación. Además, 16 establecimientos quedaron completamente destruidos.
En el Mercado Comunitario de La Guaira, los comerciantes continúan trabajando entre carpas humanitarias.
José Graterol vende charcutería desde un espacio improvisado después de perder parte de sus equipos.
El comerciante calcula que necesitará varios años para reconstruir completamente su puesto.
Los costos de reposición dificultan todavía más el proceso. Una nevera especializada puede costar unos 7.500 dólares.
Una rebanadora profesional puede alcanzar los 2.500 dólares. Por ello, los comerciantes reclaman una recuperación económica rápida.
Una encuesta de Ecosistema reveló que los negocios consultados operan actualmente al 40% de su capacidad.
Más de 70% trabaja incluso por debajo de la mitad de su capacidad habitual.
La economía depende de sus vecinos
La crisis transformó también la relación entre los comercios y sus clientes habituales.
Muchos habitantes que acudían diariamente a los negocios murieron o perdieron sus viviendas durante los terremotos.
Por eso, recuperar la economía implica reconstruir también las comunidades que sostenían esa actividad.
Las carpas de Alejandra y su primo representan parte de esa resistencia. También los comerciantes que regresan cada mañana al mercado.
En una región donde miles de puertas permanecen cerradas, mantener un negocio abierto adquiere un significado especial.
