El desgarrador relato del personal de salud en Cali que decidieron no evacuar y arriesgar sus vidas para salvar a decenas de bebés y pacientes en quirófano durante el terremoto. El personal médico y de enfermería del Hospital Universitario del Valle, ubicado en la ciudad colombiana de Cali, protagonizó intensas labores de auxilio y resguardo humano tras soportar más de un minuto de fuerte sacudida sísmica a las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto, en lo que expertos catalogan como el movimiento telúrico más potente registrado en Colombia durante la última década.
Ciertamente la emergencia puso a prueba el temple del personal sanitario, cuyos integrantes priorizaron la vida de decenas de niños internados y de pacientes en medio de cirugías complejas antes que su propia evacuación.
Evacuación en pediatría, cambio de guardia y protección a 105 menores
Sobre el momento exacto en que inició la contingencia, la enfermera coordinadora del área de pediatría de apellido Gallego finalizaba las instrucciones del cambio de guardia a su equipo en el servicio de postoperatorio cuando las estructuras comenzaron a vibrar intensamente.
En este sentido la profesional asumió de inmediato la dirección del operativo para evacuar a 105 pacientes pediátricos, entre los cuales se encontraban 36 recién nacidos que requerían movilización urgente hacia zonas seguras, asegurando además la integridad de sus compañeros de labores.
«Mi prioridad absoluta era sacar a todos esos niños, desde los recién nacidos hasta los de 17 años; también sentía la necesidad de verificar que todos estuvieran bien, tanto mis pacientes como mis compañeros de trabajo», relató la jefa de enfermería en declaraciones a medios de comunicación.
Por consiguiente el personal de enfermería organizó cadenas de traslado rápido por los pasillos para resguardar a los menores.
Resistencia en el quirófano y la memoria de la infancia frente a la muerte
Decisión de permanencia junto a una paciente sedada
Por su parte, en una planta diferente del centro asistencial, la anestesióloga Claudia Komaromi enfrentó un dilema crucial en la sala de operaciones mientras lideraba el programa de neuroanestesiología.
En este contexto la especialista ya había completado la sedación profunda de una paciente de 63 años diagnosticada con un tumor cerebral, condición de vulnerabilidad médica absoluta que impedía cualquier traslado inmediato fuera del pabellón quirúrgico.
El abrazo protector y el recuerdo de Tumaco
Por otro lado la doctora Komaromi decidió quedarse junto a la paciente para protegerla durante la prolongada sacudida, experimentando la angustia de un riesgo inminente de muerte.
Ciertamente la especialista revivió en ese instante un episodio de su niñez a los ocho años durante un terremoto y maremoto en Tumaco, donde su madre la abrazó para calmar su angustia, aplicando ese mismo gesto maternal y protector al abrazar fuertemente a la paciente en la camilla mientras superaban la emergencia.
Con información de BBC Mundo
