EE. UU. intensifica su guerra antidrogas con drones y aviones de combate en el Caribe y el Pacífico. El Ejército de Estados Unidos ha desplegado una amplia flota de drones, helicópteros artillados y aviones de combate en su campaña contra embarcaciones supuestamente vinculadas al narcotráfico en el océano Pacífico y el mar Caribe, según reveló CNN.
La mayoría de los ataques han sido ejecutados con drones MQ-9 Reaper, equipados con misiles Hellfire, aunque también se han utilizado aviones AC-130J y cazas F-35, según fuentes cercanas a las operaciones. Hasta ahora, el Pentágono no ha confirmado oficialmente qué aeronaves se están utilizando.
Desde septiembre, la ofensiva ha dejado 76 muertos, una persona desaparecida y 20 embarcaciones hundidas, dentro de una campaña que Washington justifica como parte de su estrategia para frenar el flujo de drogas hacia Estados Unidos.
EE. UU. intensifica su guerra antidrogas con drones y aviones de combate en el Caribe y el Pacífico
Los ataques se concentran principalmente en el Caribe y el Pacífico oriental, operando desde Puerto Rico y El Salvador, donde se ha observado una inusual actividad militar estadounidense. Imágenes satelitales confirmaron que la base naval de Roosevelt Roads, en Puerto Rico —cerrada desde 2004—, ha sido reabierta para apoyar la operación. En El Salvador, el puesto avanzado de Comalapa aloja aeronaves armadas por primera vez.
Expertos consultados señalaron que Comalapa ofrece una posición estratégica para cubrir amplias zonas del Pacífico, una de las principales rutas del tráfico de cocaína entre Colombia, México y EE. UU.. Antes de esta campaña, dichas instalaciones solo albergaban aeronaves de vigilancia no armadas, como el P-8A Poseidon y el P-3 Orion.
Los MQ-9 Reaper, con base en Aguadilla (Puerto Rico), pueden lanzar misiles de alta precisión diseñados originalmente para destruir tanques. Mientras, los AC-130J están equipados con cañones pesados, incluido un obús de 105 mm, según las imágenes difundidas.
Funcionarios estadounidenses admitieron ante el Congreso que cada ataque puede costar cientos de miles de dólares, considerando el alto precio del armamento y el mantenimiento de las aeronaves. Un misil Hellfire cuesta unos 150.000 dólares, mientras que el vuelo de un F-35 o un AC-130J puede superar los 40.000 dólares por hora.
Fuentes de inteligencia aseguraron que los objetivos se seleccionan mediante una célula conjunta del Comando Sur y el Comando de Operaciones Especiales, aunque los propios funcionarios reconocieron que no siempre conocen la identidad exacta de quienes se encuentran a bordo de las embarcaciones atacadas.
La presencia del portaaviones USS Gerald R. Ford en la región, con parte de su grupo de ataque, ha alimentado especulaciones sobre una posible escalada militar hacia Venezuela, que ha sido señalada por Washington como uno de los focos del narcotráfico en el Caribe.
Pese a que la Casa Blanca sostiene que se trata de operaciones “defensivas y de inteligencia”, fuentes del Congreso y analistas internacionales advierten que el despliegue supera lo habitual para una campaña antidrogas, y podría preludiar un aumento de la presión militar sobre gobiernos latinoamericanos acusados por Estados Unidos de colaborar con organizaciones criminales.
