Valencia, 16 de julio de 2025-. Un joven venezolano perdió ambos brazos y orejas tras ser atacado por jauría de perros. Greiber Eduardo Berrío, de 19 años, sufrió el horror. Fue mordido al menos 150 veces. Durante 40 minutos de terror. Pensó que moriría devorado. Perdió ambos brazos y sus dos orejas.
Ataque de perros en Bogotá: Greiber cuenta su historia. A menos de un mes de ser dado de alta. Con múltiples marcas en su cuerpo. Recuerda la noche del 25 de marzo. Nueve perros lo atacaron en Bosa. Al sur de la capital colombiana.
Un joven venezolano perdió ambos brazos y orejas tras ser atacado por jauría de perros
«Sentía cómo los perros me clavaban los dientes», recuerda Greiber. «Y halaban, como cuando metes los dedos en una bolsa plástica». «Me agarraban las piernas y las halaban». Lo cuenta en Más Allá del Silencio.
El joven venezolano iba camino a su casa. Regresaba de la iglesia. Los perros lo atacaron. Atravesaba un terreno baldío. Una hembra le llegó a las rodillas. Luego los otros lo rodearon.
«Estaban bravos», dijo Greiber. «Primero intenté hablarles, les decía que no me mordieran». «Yo no les había hecho nada». «Creo que tenían hambre, por esa forma de atacarme». «Devorando. No me explico por qué pasó así». Habla sin rencor y agradecido de vivir.
Greiber estuvo 18 días en coma. Sus brazos fueron amputados al tercer día. Fue producto de las infecciones.
Recordó que al ser mordido, se cubrió con su morral. Intentó mantenerse de pie, pero no pudo. Empezó a gritar y pedir auxilio. Pero nadie llegaba.
«Ya cansado de batallar, me encomendé a Dios», contó. «Le dije que si era su voluntad de morir, no pelearía más». «Cuando intenté voltearme, los perros pararon». «Vi la sirena de la patrulla y a los policías».
El futuro de Greiber
Ataque de perros en Bogotá cambia una vida. Greiber fue dado de alta el 28 de julio. De la Clínica de Occidente en Kennedy. Llegó a Colombia en 2022. Terminó el bachillerato en Venezuela.
Ahora su sueño es regularizar su estatus. Para optar por prótesis y estudiar periodismo. «Al principio fue duro asimilar la pérdida», confiesa. «Pero al final le di gracias a Dios porque estaba vivo». Lo dijo a Q’hubo Bogotá.
La procedencia de los perros es desconocida. Greiber no sabe qué pasó con ellos. No les guarda rencor. Incluso pide su protección. La resiliencia de Greiber es un ejemplo.
